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miércoles, 16 de mayo de 2012

Contracción y retroceso en cobertura y calidad educativa


Contracción y retroceso en cobertura y calidad educativa

Tal y como lo afirman  Luis Bravo Jáuregui y Alexander Uzcátegui, "estamos frente a un grave retroceso en la cobertura de la escolarización temprana, pese a la insistente propaganda oficial que habla de un milagro". 

Según cifras de la memoria y Cuenta del Ministerio de Educación. 35,5% de los niños de 0 a 8 años de edad está fuera del sistema escolar. En otras palabras, 1.835.760 de niños de los sectores bajos no tienen acceso a la educación gratuita, pública y popular.

Retroceso escolar 

Lo más grave de estas cifras es que representan un retroceso escolar que afecta, no sólo a los niños de menor edad, sino también a los de primaria. Las cifras de matrícula de planteles oficiales y en particular la de primer grado, muestra estancamiento y hasta disminución. Las autoridades educativas nacionales no han  planificado las inversiones para la construcción de nuevas escuelas y aulas. Tampoco de han preocupado por mejorar la calidad mediante proceso de selección y formación de nuevos docentes.
Este retroceso tiene consecuencias sociales y educativas graves para los afectados y para el país. Los afectados, al no contar con un nivel educativo suficiente, se verán condenados a ser pobres y a una inserción social precaria. No hay inclusión verdadera para ellos. Y la sociedad se perderá de los talentos de todos esos excluidos cuyos aportes significarían progreso social y económico para Venezuela. Otro retroceso consecuencia de la contracción y disminución de la matrícula es el incumplimiento de la Constitución. Según la carta Magna es obligatorio que todos los alumnos egresen como bachilleres. Los no matriculados se sumarán a los que actualmente abandonan su escolaridad y se contarán entre los que no alcanzan la escolaridad obligatoria.
Además, la misma Constitución establece la obligatoriedad de la atención a la primera infancia, es decir de 0 a 4 años. Las familias con niños entre estas edades no cuentan con suficientes centros educativos para atenderlos. Los pocos que hay son, en su mayoría, privados. Por lo tanto las familias de jóvenes de menos recursos, iniciando vida de familia, tienen menos oportunidades. Sus hijos pequeños no tienen centros educativos confiables, por lo cual al menos uno de ellos no podrá trabajar para ocuparse ellos. El gobierno les falla a las familias y deja de cumplir mandatos constitucionales claros.

lunes, 14 de mayo de 2012

Educación para transformar el país

Ya está disponible el blog relacionado con la publicación "Educación para transformar el país", desde donde puede descargarse la separata resumen. Esta es la dirección: http://educapais.wordpress.com/

domingo, 13 de mayo de 2012

La violencia en la escuela



Por: Mariano Herrera
Una preocupación de todos los venezolanos es la violencia en general y en particular dentro de los colegios y de las escuelas. Es un hecho que la violencia que existe en la sociedad y que afecta especialmente a los jóvenes. Se refleja y  se reproduce dentro de los planteles. Por eso merece que se reflexione sobre dos conceptos que es bueno diferenciar, a saber “socialización y educación”. Para asegurar una definición práctica podríamos decir que la socialización es la educación no intencional. Es la que se transmite involuntariamente en el entorno familiar y social de los niños y, en general, de todas las personas. Es una parte importante de lo que aprendemos y de lo que nos transmite nuestro entorno. En cambio la educación es lo que se transmite intencionalmente. Es un mandato que la sociedad le da al sistema educativo para que se aprendan más cosas que las que se transmiten mediante la socialización y para garantizar igualdad en lo que se aprende y en la calidad de los procesos mediante los cuales se aprende. De modo que la educación, en muchos casos, deberá ser muy diferente a la socialización. Y hasta podría implicar una ruptura con la socialización. Es quizás el caso de la violencia. Si no se logra una ruptura con la influencia de un entorno violento, la violencia entra en la escuela.
¿Cómo evitarlo?
Experiencias recientes han demostrado que la violencia puede reducirse considerablemente si se ponen en práctica algunas iniciativas. Docentes y alumnos elaboran las normas de convivencia. Luego deciden quienes son las personas responsables de su aplicación. Esto incluye a los alumnos. En algunos casos, los docentes escogen a alumnos inquietos y considerados perturbadores, como responsables de la aplicación de las normas de aula y de  la escuela. La lucha contra la violencia escolar está presente en todo momento dentro de la escuela porque lo que deja huella en un alumno no es lo que se hace una vez sino lo que se hace continuamente. La intervención de las autoridades es inmediata. El director no se queda en su oficina, recorre continuamente las aulas,  los recreos, los baños, los pasillos. No son permisivos, las normas se aplican con muy contadas y justificadas excepciones. Las reacciones de todos los educadores de la escuela son las mismas frente a las mismas situaciones porque los niños deben tener límites y referencias estables y consecuentes. Los alumnos sienten en todo momento la autoridad del adulto. Autoridad no significa autoritarismo, sino respeto y límites.
De estas experiencias se desprenden varias lecciones: Primero: Los adultos somos los responsables de lo que les suceda a los niños y adolescentes en casi todas las circunstancias. Por eso los adultos deben tener y ejercer la autoridad ente ellos. Y los docentes somos doblemente responsables: Por nuestra condición de adultos y por nuestra condición de profesionales de la educación. De modo que lo primero es tener en cuenta que todo lo que suceda a los alumnos en la escuela, es responsabilidad de los docentes. Incluyendo el personal de dirección. Segundo: La escuela está para educar y la educación es transmitir e inculcar valores. Los valores de la sociedad se traducen en leyes y normas que deben ser resultado de acuerdos sociales, aplicadas en toda circunstancia.
La escuela debe romper con la violencia externa, siendo una institución en la que se respire un clima de convivencia. La línea central debe ser Tolerancia Cero a la violencia, a la agresión e incluso a los pequeños robos en las aulas y en otros lugares de la escuela. Directores y docentes necesitan sentir apoyo y recibir orientaciones claras. En la escuela la violencia debe ser intolerable, y los conflictos resueltos mediante el diálogo y el respeto a las normas aceptadas por todos. Los alumnos educados así, no tolerarán la violencia externa y sabrán cómo evitarla.

domingo, 11 de marzo de 2012

Las escuelas bolivarianas

Las escuelas bolivarianas

Publicado en la p. 30 del diario Últimas Noticias del domingo 11 de marzo de 2012

Por: Mariano Herrera

Una iniciativa de mucho consenso en educación era y sigue siendo las escuelas bolivarianas. Se trata de escuelas que atienden a los alumnos durante 8 horas al día. La razón del consenso es doble. Por una parte, las escuelas de doble turno son una reminiscencia de una situación vieja, mayor de 50 años, cuando los gobiernos del inicio de la era democrática mostraron una gran responsabilidad y voluntad política por universalizar la educación primaria. Para ello, decidieron que cada escuela pudiera atender el doble de alumnos en sus aulas mediante la utilización de dos turnos escolares al día. Esa medida, que debió haber sido provisional, se mantuvo todos estos años. Una de las consecuencias de los dos turnos es que el horario escolar en primaria se redujo a 5 horas diarias en cada turno y cada aula es compartida por dos grupos de alumnos y docentes. De modo que cosas tan simples como la ambientación pedagógica del salón o la exposición de los trabajos de los alumnos en las paredes, son un problema en esas escuelas.

Por todo eso desde la década de los 90 del siglo XX estaba circulando la propuesta de las escuelas a tiempo completo, llamadas “escuelas integrales”, basadas en el modelo del mismo nombre que se inició y desarrolló exitosamente en Mérida en la década de los 80, bajo el liderazgo de Antonio Luis Cárdenas, quien luego fue Ministro de Educación. Uno de los primeros anuncios de este gobierno fue la puesta en marcha del programa “escuelas bolivarianas”, que es el nombre que le dio a esas escuelas de turno completo. Esta medida causó satisfacción en casi todos los educadores y los preocupados y ocupados por este tema.

La implantación no es sencilla. Lo ideal es construir nuevas escuelas con un diseño adaptado al programa. Es decir, con aulas suficientes para la población local, docentes contratados a tiempo completo y personal especialista para trabajar con los alumnos con actividades recreativas, deportivas, artísticas, tecnológicas, etc. Y con las instalaciones apropiadas para la preparación y el servicio a todos los alumnos de tres comidas diarias. Otra alternativa es transformar escuelas de doble turno en bolivarianas. Esto supone que uno de los dos turnos se queda en esa escuela y el otro debe migrar a una o varias escuelas vecinas, con capacidad para garantizar el cupo a los alumnos del turno eliminado. Y una tercera iniciativa, intermedia, es transformar en bolivarianas aquellas escuelas que sólo atendían un único turno.

Hoy el gobierno exhibe datos que indican que existen cerca de 10.000 escuelas bolivarianas. Pero el diablo está en los detalles. ¿Cómo se han creado? Una de las medidas es un decreto que declara “bolivarianas” a escuelas que siguen siendo de dos turnos, pero reciben al menos una comida diaria. Esto ya desvirtúa completamente la idea inicial del programa. Pero hay más.

Recientemente, el Ministerio de Educación ha decretado bolivarianas algunas escuelas sin tomar las medidas necesarias. De modo que de un día para otro, las aulas de esas escuelas reciben a los alumnos de ambos turnos, en un solo turno y en el mismo salón. De repente aulas que acogían a 34 alumnos por turno, se llenan con más de 60. Es un verdadero hacinamiento y un maltrato porque, además, las aulas sólo tienen, cuando mucho, 36 ó 38 pupitres o mesas. Esta situación desvirtúa totalmente la finalidad del programa. En algunas escuelas, para “solucionar” el problema han establecido un “día de parada”. Un día a la semana en la que alguno de los dos turnos de todos los grado se quedan sin asistir a clases para disponer de más espacio para disminuir el hacinamiento cotidiano. Sin duda peor el remedio que la enfermedad.

Esto no es una denuncia. Dar los nombres de las escuelas pondría en peligro el empleo de quienes nos informan. Es una alerta. ¿Para qué se toman estas decisiones? ¿Para decir que aumentan las bolivarianas? La sociedad debe exigir a las autoridades educativas que estén más pendientes de la calidad de la educación y menos de la producción de estadísticas auto-engañosas para satisfacer al jefe. Porque no están engañando a más nadie.

viernes, 3 de febrero de 2012

Concurso de Educación Vial

La Fundación Seguros Caracas organiza un Concurso de Educación Vial. Premio: Bs. 50.000 Información aquí: http://www.cice.org.ve/noticias/2012/2012-02-01.asp

jueves, 26 de enero de 2012

A propósito de la Misión Seguridad

A propósito de la Misión Seguridad.

Por LUIS PEDRO ESPAÑA

Cuando Kelvin terminó el sexto grado, su familia fue a su acto de fin de curso en la Escuela Básica Agustín Codazzi. Acompañado de sus padres y hermanos recibió su certificado de promoción al séptimo grado, y como su escuela sólo tiene hasta sexto, el personal directivo y las maestras despiden a los niños deseándoles suerte en sus estudios. Créanlo, la van a necesitar.
Ese día Kelvin y sus compañeritos dejaban la escuela y pasaban al liceo. Como ellos, otros niños de cuatro escuelas vecinas también fueron ubicados por la zona educativa en el liceo más cercano. Como Kelvin vive en una ciudad grande, él solo se tendrá que parar un poco más temprano para llegar a su nuevo centro de estudios. El trayecto que inauguró a partir de septiembre requiere dos camioneticas, la primera como siempre, como antes, con la mamá, pero en la otra tendrá que ir solo, nadie de la casa va hasta allá. Si Kelvin viviera en una ciudad más pequeña puede que hasta hubiese tenido que mudarse, lo que sin duda hubiera significado el final de sus estudios. Al menos este primer obstáculo lo pasó.

El primer día de clases en el liceo fue una mezcla de emoción y miedo. Varias veces en la vida se siente esa sensación de ansiedad ante lo desconocido. A los 13 años es aún más intensa, y no sólo producto de las hormonas de la adolescencia. Cuando llegó al portón del liceo se dio cuenta que la escuelita quedó atrás. Desde el bedel de la entrada en adelante el liceo le resultó extraño, ajeno y agresivo. No sólo es nuevo, también es de los más chamitos y, lo peor, por ningún lado ve a alguno de sus antiguos compañeros de la Codazzi.

Ya en el salón los primeros días van pasando para mostrarle que el liceo es otro mundo. Varios docentes, varias materias, exámenes de lapso, horas libres, profesores que faltan, materias que no entiende, niñas que le gustan, repitientes que no dejan el chalequeo y recreos en los que prefiere quedarse en el salón. Atrás quedó la evaluación que premia la buena conducta y el no molestar, aquí lo que vale es responder a preguntas, hacer los ejercicios y si no molestas, si no echas vaina, quedas como el pendejo del salón. Kelvin ha tenido que aprender a portarse mal.

Repetir el séptimo grado no es ninguna novedad. Si hablas con el Profesor Gutiérrez, director del liceo, te contará que en séptimo grado hay siete secciones en cada turno. En octavo sólo cuatro. De las siete secciones, tres son de repitientes. Este año, aun sabiendo que con esa decisión están inaugurando un “retén de menores” dentro del liceo, pusieron a los repitientes juntos. “Es que los repitientes no dejan en paz a los nuevos”, dicen los maestros.

Kelvin aplazó el año. Demasiadas materias para reparación. Además en su casa no había quién lo ayudara con las tareas y con los exámenes. Él es el mayor de los hermanos, y sus padres sólo estudiaron hasta sexto grado. La mamá llegó al antiguo tercer año (hoy noveno grado) pero ni por asomo se acuerda de geografía, matemáticas, biología y mucho menos del inglés, las mismas cuatro que le quedaron a su hijo.

Kelvin ya cumplió los 15 años, va por la mitad de su séptimo grado repetido. Sigue yendo al liceo, pero más para reunirse con los amigos, programar el fin de semana, caerle a la jeva y enterarse de las últimas malandrerías de los panas de noveno. La mamá de Kelvin está preocupada. El muchacho siempre le responde con el monótono “bien”, cada vez que le pregunta por el liceo y sus estudios. Ya no puede con la cara de fastidio que le pone cada vez que trata de aconsejarlo, de pedirle que se cuide, que no llegue tarde a la casa, que dónde estaba en la tarde, que no le gusta el muchachito ese que dicen en el barrio que vende droga, que estudie más, que ella nunca lo ve en eso, etcétera, etcétera, o en palabras de Kelvin, “bla, bla, bla”.

Si su mamá supiera lo que él ya sabe se aterrorizaría. En el liceo se vende droga, un bedel de la entrada es el que la mete y dicen que no son pocos los maestros que le compran. Los malandros de la zona siempre quieren someter a los del liceo. Hay que hacerse respetar si se quiere ser hombre. El Moncho uno de los que protege a Kelvin desde la primera vez que lo quisieron joder en un recreo, ya tiene con que hacerse respetar, él va armado a la escuela y nunca se separa de ella.

Cuando ya se repite el séptimo grado por segunda vez, hay que dejar la escuela y dedicarse a otra cosa. “Como que tú no sirves para estudiar”, le dijo su mamá la última vez que trató de enterarse en qué andaba su hijo. En el barrio se dice que Kelvin es uno de los malandritos que se la pasan fastidiando por la zona, si no le ponen reparo va a terminar mal. La hermana de Kelvin, Nella, ya pasó al octavo grado. Será ella la que terminará el bachillerato. Por lo pronto la mamá ya habló con el papá de su hijo. “Kelvin se va con su papá a Tinaquillo, que aprenda a trabajar, y más adelante si quiere y se endereza, puede que vuelva a estudiar”. Esto último lo dijo más como consuelo que como posibilidad real, nunca más volverá al liceo.

Lástima que la mamá de El Moncho no pudo hacer lo mismo con el suyo. El último fin de semana una balacera entre hombres que se hacían respetar terminó vistiéndola de negro.
La historia de Kelvin o del Moncho no es un accidente, es la de nuestros jóvenes. ¿Qué será lo que estamos esperando para ayudarlos? ¿Vamos a seguir diciendo que la responsabilidad de la seguridad es de todos para que finalmente sea de nadie?