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martes, 16 de julio de 2013

Inclusión y calidad de la educación en Venezuela

Por: Nacarid Rodríguez Trujillo
Doctorado en Educación 
Universidad Central del Venezuela

Recientemente la Ministra de Educación Marian Hanson dio unas  declaraciones sobre la calidad de la educación: En Revolución la educación es inclusiva y de calidad al mismo tiempo, añadiendo que en este momento su despacho sistematiza el desarrollo de la calidad educativa para potenciarla… todo ello dentro de un conjunto de frases poco coherentes, llenas de retórica, sin proporcionar una información, dato, evidencia o demostración de lo realizado en estos aspecto esenciales del sistema escolar, ni durante su gestión ni en los  15 años de la llamada “revolución”.

Desde la Declaración de Salamanca en 1994, el concepto de inclusión ha sido motivo de investigaciones, reuniones, discusiones nacionales, regionales e internacionales, produciendo numerosas aclaratorias teóricas y recomendaciones prácticas para aplicarlas en los diferentes contextos y realidades de cada país.

El término inclusión ya no se utiliza para referirse a la igualdad de  acceso al sistema escolar, ni al incremento  de la matrícula, ni a la integración de  niños y jóvenes con necesidades educativas especiales. Una escuela inclusiva debe proporcionar una educación de calidad focalizada en las capacidades para aprender de cada estudiante, a fin de ofrecerle  el apoyo diferenciado que requiera y le permita maximizar sus posibilidades de logros. Significa el reconocimiento de la diversidad, de las diferencias individuales, y la obligación de   atenderlas en la escuela eliminando barreras de discriminación por razones económicas, de sexo, etnia, cultura, idioma, ubicación geográfica, religión,  características personales  y cualquier otra.   La educación inclusiva es considerada un “derecho positivo” que obliga a las autoridades a proporcionar las condiciones necesarias para hacerlo efectivo en cada escuela y para cada niño o joven. Como bien acierta la Ministra, inclusión y calidad han devenido en conceptos interrelacionados, no puede haber inclusión sin calidad, por eso un gobierno que descuide la calidad en las escuelas oficiales, donde suelen acudir  los sectores de menores ingresos, promueve la desigualdad, la migración hacia el sector privado   y la educación de élites. En los últimos diez años la tasa de crecimiento de   la matrícula de la educación privada ha sido superior  a la del sector oficial.  El logro de la inclusión amerita proveer las mejores escuelas a la población   en situación  de mayor vulnerabilidad, de esta manera el sistema escolar podrá contribuir a disminuir desigualdades sociales.

Los factores que favorecen la educación inclusiva y la calidad son harto conocidos, han sido ampliamente divulgados e investigados. Se cuenta con el conocimiento ya organizado, con ejemplos de programas, con procedimientos probados y hasta con índices para hacer el seguimiento de políticas, programas y acciones. No hay excusas para postergar esfuerzos por  la mejora de la calidad en los niveles obligatorios del sistema.  Cuanto antes se empiece más estudiantes saldrán favorecidos, empezar desde el inicio de la escolaridad es esencial porque las dificultades tempranas no atendidas a tiempo se convierten en barreras posteriormente. Pierre Bourdieu decía que la indiferencia a las diferencias alimenta la desigualdad.

¿Qué hacen los Ministerios de Educación interesados  por la  calidad y  la inclusión?  ¿Cuáles son los factores esenciales sobre los que deben incidir?  ¿Qué se ha hecho en Venezuela al respecto? Para no alargar demasiado este escrito nos referiremos solamente a 4 de esos factores.

  1. En primer lugar se preocupan por contar con buenos docentes porque hay acuerdo total sobre la importancia del docente como elemento esencial para la  calidad. Los buenos docentes son los docentes bien preparados pedagógicamente, con vocación y gusto por su profesión,  por eso se requiere poner atención a los procesos de selección, promoción, formación y retribución de su trabajo. Lamentablemente en Venezuela no se realizan concursos para el ingreso a la carrera, no se remunera apropiadamente a los profesionales de la docencia, se discrimina a los egresados de las universidades con mayor trayectoria en la formación de educadores, se les imparten cursos de formación ideológica en vez de reforzar sus conocimientos pedagógicos. Se mantienen altos porcentajes de docentes en calidad de interinos y se les contrata a tiempo convencional, por lo que no tienen tiempo para las necesarias reuniones pedagógicas en las escuelas.

  1. Las escuelas requieren buenos directores, que promuevan la inclusión, la participación, que hagan de las escuelas verdaderas comunidades pedagógicas dedicadas a la formación y promoción de valores democráticos, de cooperación, de apoyo a los sujetos en situación de vulnerabilidad, de gusto por  el estudio y el conocimiento. Lamentablemente el Ministerio de Educación también eliminó los concursos para los cargos directivos, a pesar de que las investigaciones demuestran que quienes llegan por concurso se compenetran más con su trabajo. Casi un tercio de los directores son encargados y más del 16% labora a tiempo convencional, la remuneración para los cargos directivos apenas supera a la de los docentes de aula, hay pocos incentivos para asumir esa responsabilidad. El Ministerio no valora ni reconoce la centralidad de los directivos en el mejoramiento de la calidad de la educación, por ello les exige más el cumplimiento de tareas administrativas en detrimento de su función esencial como lo es la atención a los asuntos pedagógicos y de la calidad. La controvertida  resolución 58 prácticamente los despoja de su autoridad al interior de las instituciones escolares. A esto habría que agregar que tampoco se cuenta con supervisores preparados para asesorar a los directivos en la conducción de los procesos de inclusión y mejora de la calidad.    


  1. El apoyo de la familia  es indispensable para el éxito de todos los alumnos, de manera prioritaria en las  comunidades de menos recursos. Venezuela requiere de un esfuerzo especial en la incorporación de la familia en este sentido a fin de identificar y disminuir las barreras que obstaculizan la inclusión. Un buen ambiente familiar que valore el estudio y el progreso mediante el desarrollo de las capacidades, es el mejor aliado en el éxito escolar, la familia garantiza la regularidad y puntualidad en la asistencia a la escuela. Sin embargo, la ausencia de políticas acertadas de construcción de viviendas,  las disposiciones de la LOE y de la Resolución 58 parecen pensadas para disminuir el papel de la familia en la educación de los niños colocándola en un plano inferior al de  la comunidad local y de los organismos del Estado.

  1.  Hoy en día se reconoce mundialmente la necesidad del  seguimiento y evaluación de las políticas y programas de mejora escolar.  La investigación sistemática es la mejor acompañante de las acciones destinadas a promover el cambio en las escuelas. La recopilación sistemática de informaciones cualitativas y cuantitativas, el análisis minucioso de procedimientos y logros van señalando los aciertos y errores, van despejando las dificultades, e indicando los aspectos a modificar antes de que sea tarde. La investigación en educación no ha sido fomentada, en el año 2003 el Ministerio de Educación eliminó el Sistema Nacional de Evaluación de los Aprendizajes SINEA, y el país fue retirado del único sistema de evaluación al cual llegó a pertenecer  como lo es el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación LLECE, cuyas pruebas se aplicaron en dos ocasiones.  Ahora estamos excluidos o desaparecidos de casi todos los informes internacionales debido al atraso en la presentación de las estadísticas,   a la escasez de programas destinados a la promoción de la calidad y al rechazo de participar en cualquier sistema de evaluación.  En el año 2007 se fundó el Instituto de Investigaciones Pedagógicas en el Ministerio de Educación, cayendo inmediatamente en el olvido por lo que jamás llegó a funcionar, en una clara demostración del temor  de los  ministros a cualquier tipo de investigación que pueda demostrar los  efectos de su desempeño.   

 Estas políticas favorecen a los funcionarios porque impiden contar con evidencias sobre su gestión, restringen las posibilidades de hacer algún tipo de contraloría social, obstaculizan  que docentes, padres, representantes y alumnos reclamen su derecho a una educación de calidad.  En síntesis contribuyen con mantener a la población en la ignorancia y a obstaculizar el ejercicio de la ciudadanía.
 



   





lunes, 8 de julio de 2013

La educación y el país que queremos

Publicado en Tal Cual el lunes 8 de julio de 2013 

Por: Mariano Herrera

En Venezuela, uno de los problemas de fondo de la sociedad es el incumplimiento de leyes y reglamentos. La mayoría de los venezolanos comete infracciones de tránsito a diario, paga gestores para evitar trámites administrativos, soborna policías cuando comete infracciones, tolera pequeñas y grandes acciones de corrupción administrativa, acepta el uso del clientelismo político y el tráfico de influencias, trampas y hasta fraude en diversas elecciones de cuerpos o asociaciones, y hasta en las elecciones presidenciales. Ese comportamiento es común a todos los estratos sociales.

La falta de respeto a leyes y reglas sociales afecta la convivencia y genera muchas distorsiones y la problemática ha llegado al nivel de producir  excesiva violencia en la calle con víctimas mortales diarias y, una impunidad muy frustrante para la mayoría, víctima de la delincuencia y de la ausencia de aplicación de normas y leyes. De modo que existe una violencia física reflejada en agresiones, robos, asesinatos, secuestros, hurtos y demás, por un lado y, por otro lado una violencia simbólica, reflejada en los abusos e infracciones permanentes que generan desigualdad y privilegios injustos, por la aplicación arbitraria de reglas y normas no explícitas, pero que, estando en uso, se convierten en las que rigen en la práctica, a la sociedad. No obstante, son reglas que atentan contra la convivencia por su violencia física o simbólica.

Hay quienes piensan que eso no cambia hasta que la sociedad no cambie. Pero ¿quién puede hacerla cambiar? Yo pienso que la escuela. La escuela se debe parecer a la sociedad que queremos pero que todavía no tenemos. Por eso en ella se deben poner en práctica comportamientos de convivencia democrática que no existen en la sociedad. La educación escolar debe promover “0” tolerancia a la falta de respeto a normas, para que los alumnos egresen, en primer lugar, con una cultura que les impida aceptar esos comportamientos, y, también, dotados con herramientas para una conducta respetuosa de normas y congruente con la democracia y el pluralismo de ideas políticas, religiosas, etc.

Podría decirse que el comportamiento irrespetuoso de normas de convivencia es producto de la socialización, entendiendo por socialización la educación no intencional y cuya transmisión no responde a objetivos educativos explícitos sino a usos y costumbres no escritas, pero sí imitadas por la mayoría. La educación escolar es, en cambio, una transmisión de valores y conocimientos que se hace de manera intencional. La educación existe porque se parte del principio de que una sociedad podría cambiar sus propios usos y costumbres no deseables, gracias a la acción educativa escolar. Y también para alcanzar objetivos deseables como la conciencia ambiental, la tolerancia y la educación sexual para prevenir embarazos precoces y no deseados, por ejemplo. Pero hay que estar convencidos de que la escuela es para eso y que es posible. Y también hay que asegurarle a la escuela los medios para lograrlo. Porque si la socialización sigue imponiéndose, nada mejorará.


lunes, 10 de junio de 2013

Inseguridad y educación

Publicado en Tal Cual el lunes 10 de junio de 2013
Por: Mariano Herrera
En estos días, en una escuela bolivariana, tuvo lugar una situación en la que se mezclaron dos problemas muy severos que padece nuestro país: la inseguridad  y la educación. En la escuela mencionada, situada en el casco urbano de una ciudad capital de uno de los 23 estados, una profesora de matemáticas aplazó en un examen a una alumna. A los pocos días, el novio de la alumna, un conocido malandro de la zona, irrumpió armado dentro del liceo, agredió a casi todos los profesores presentes, incluyendo al director, obligándolos a acostarse boca abajo en el piso y conminándolos a identificar a la profesora que había aplazado a su novia. Gracias a un acuerdo tácito entre todos, y a pesar de que una de las acostadas en el piso era la profesora de matemáticas, todos negaron su presencia y la profesora se salvó.
El malandro y sus cómplices habían entrado otras veces, para asaltar al personal y a los alumnos, robándose dinero, celulares, relojes, etc. De modo que, el liceo era algo como territorio libre para delincuentes.  Nadie denuncia porque la debilidad del sistema policial  y de justicia, pone en peligro al denunciante, a sabiendas de que el delincuente será dejado en libertad y la venganza contra quien denuncia puede ser un ensañamiento mortal contra él y su familia. Muchos tienen conocidos víctimas de ese tipo de venganza. Por esas razones, el director permitía el acceso del malandro a la escuela, argumentando que era preferible tener buenas relaciones con él para evitar males mayores. Este caso refleja a la vez, dos debilidades: la de la gestión escolar (el director no tiene otra alternativa que “convivir” bajo el dominio de los malandros) y la de la seguridad ciudadana.
Estamos frente a una ausencia total del Estado, paradójicamente administrado por un gobierno que parece creer que el Estado es lo único importante. Gobierno que, por razones nunca explicadas por los responsables oficiales, pareciera que han promovido, por acción y por omisión, el deterioro progresivo de la seguridad personal, de la gestión escolar y de la calidad educativa.
No me queda claro para qué, pareciera que se promueve desde el gobierno el deterioro de la seguridad y el auge de la delincuencia. Pero sí creo entender por qué se ha dejado en decadencia a la educación. Nos gobiernan extremistas de una izquierda radical que creen que el modelo actual de escuela es reproductor de los valores y de la estructura social del capitalismo. Y, por lo tanto, de nada sirve que la escuela sea buena porque, de serlo, fortalecería el capitalismo.  Según el gobierno, hay que esperar que la nueva sociedad socialo-comunista haya remplazado totalmente la actual para, sólo entonces, inventar una nueva escuela. Este mismo razonamiento aplica para las universidades. Mientras tanto, lo único que importa es el control político de las instituciones educativas. Todavía no lo han logrado totalmente. Pero sí han mermado la calidad educativa y desvalorizado enormemente la profesión de educador.

lunes, 27 de mayo de 2013

La sociedad cambia si mejora la escuela

Por: Mariano Herrera

Se tiende a creer que mientras haya pobreza, la educación poco puede hacer. Que hay que esperar que cambie la sociedad para que cambie la escuela. Pero la sociedad cambia si la escuela mejora. Y la escuela mejora con maestros conscientes y muy competentes. Está demostrado que la pobreza disminuye en la medida en que aumenta el número de años de estudio de toda la población. Es decir, cuando se disminuya y se elimine el fracaso escolar y todos los niños que empiecen en preescolar culminen con éxito su bachillerato 12 años después, en esa misma medida disminuirá la pobreza y más venezolanos podrán vivir mejor. Y también está demostrado que ese éxito es posible lograrlo en todas las escuelas. Pero para ello se necesitan muy buenos maestros.

¿Qué hacer para tener más y mejores docentes? Los docentes requieren que la sociedad y el Estado los tomen mucho más en serio y los valoren de verdad. Hay que pagarles mucho mejor y apoyarlos en su labor cotidiana. En las aulas muchas veces se sienten solos frente a dificultades que implican sus enormes responsabilidades. Con frecuencia carecen de la formación especializada y del apoyo, requeridos para atender los problemas de enfrentar grupos de alumnos, la mayoría de ellos inquietos y difíciles de motivar, y para lograr que se interesen en los contenidos de los programas escolares.

Hay que mejorar la formación universitaria. Las universidades tienen que hacer un esfuerzo para mejorar las herramientas especializadas que requiere la profesión. La formación universitaria es necesaria y ha significado una mejora sustantiva en la educación venezolana, pero aún adolece de fallas que deben superarse con urgencia. La docencia es una profesión que requiere competencias específicas. Existe un desarrollo interesante de pedagogías comprobadamente eficaces, especialmente valiosas para los docentes que trabajan con alumnos provenientes de medios socio-culturalmente desfavorecidos.

También importa que los docentes dominen los contenidos de los programas oficiales y la cultura general. La formación universitaria debe aportar al docente un sólido dominio de los programas del grado, del nivel o de la asignatura que deberá enseñar y un amplio panorama sobre historia, geografía, arte y sólido dominio lingüístico y de las matemáticas.

Hacer atractiva la profesión de educador. Mejorar la formación universitaria de los docentes no basta. Es indispensable hacer de la carrera de educador una profesión atractiva y prestigiosa.  Para hacer atractiva la profesión, el Estado tiene que mejorar considerablemente las condiciones de trabajo. Ello significa, obviamente, mejorar considerablemente el ingreso, pero no sólo eso. Las escuelas deben ser instituciones agradables en todo lo que tiene que ver con su clima institucional y en su ambientación física. La prioridad de nuestra sociedad y el mandato que ésta le hace al Estado tiene que ser apoyar a los docentes y hacer todo para que la carrera educadora se convierta en la más atractiva de todas.


lunes, 13 de mayo de 2013

En la escuela los niños deberían estar aprendiendo


En la escuela los niños deberían estar aprendiendo
Por: Mariano Herrera

La UNESCO acaba de aprobar un documento en el que se afirma que no es suficiente que se garantice la cobertura, es decir que haya escuelas y cupo para toda persona en edad escolar. UNESCO dice que es también vital garantizar que ir a la escuela signifique aprender. Parece una afirmación de Perogrullo pero no lo es. Resulta que evaluaciones de todo tipo han mostrado que millones de alumnos que asisten a escuelas primarias, egresan sin dominar los conocimientos ni las actitudes que deberían haber aprendido en la escuela, que, por supuesto, para eso está.
Cobertura y calidad pues son ahora para UNESCO igual de importantes y deben ser garantizados por cada uno de los Estados en los países democráticos y que creen en la justicia social. ¿Pero, por qué estar inscrito en una escuela NO significa aprender? Son muchas las razones, pero voy a referirme a dos principales: Tiempo de aprendizaje y procesos pedagógicos.
Este año escolar ya lleva perdidos 22 días, según la contabilidad oficial. Las elecciones presidenciales y de gobernadores en 2.012, el luto oficial y las elecciones presidenciales de abril de 2.013 son las justificaciones del cierre obligatorio de escuelas y liceos. Esto afectó por igual a escuelas oficiales y a colegios privados. A estos días de clase oficialmente perdidos se les suman muchos otros: Cada gobernado y cada alcalde celebra diversas efemérides regionales y locales que también implican días obligatoriamente sin clases.
Por otro lado, en las escuelas del gobierno se pierden muchos más días de clases por el mal funcionamiento de servicios o porque se cayó un techo o una pared debido a la ausencia total de mantenimiento y muchas otras razones por el estilo. Y, para colmo, la violencia en las calles tiene como consecuencia que muchas familias, como medida preventiva, dejen de enviar a sus hijos a la escuela cuando ha habido un asesinato o una confrontación armada terrorífica cerca de la escuela o de las viviendas. Es obvio que mientras menos días de clase tengan los alumnos, menos oportunidades tiene de aprender.
Pero también hay problemas cuando hay clases y los alumnos asisten. Y es que lo que se hace en las aulas muchas veces no logra que los alumnos aprendan casi nada porque abundan el dictado y la copia, y la mayoría de los alumnos o se aburren o hacen actividades repetitivas sin mucho sentido. En primer grado, por ejemplo, esto significa que muchos no aprenden a leer y así pasan a segundo grado.
Esto lo saben las autoridades educativas y no han hecho absolutamente nada al respecto en 15 años. Se pierden días de clases y se selecciona a los docentes sin ninguna garantía de su idoneidad profesional. Los mecanismos de selección son casi 100% clientelares y esto ha causado estragos. Estragos en el rendimiento estudiantil y estragos en el prestigio de la profesión docente. Este gobierno ha sido muy negligente con temas vitales para la sociedad: Calidad, cobertura y funcionamiento de la educación. 

domingo, 21 de abril de 2013

¿Estado de Derecho?


Artículo publicado en Últimas Noticias el 21 de abril de 2.013

Por Mariano Herrera

Tibisay Lucena, en su discurso en el marco de la proclamación de Maduro el lunes 15 de abril, afirmó que en Venezuela existe un Estado de Derecho. Estado de Derecho significa que existen unas instituciones públicas, consecuencia de que estamos organizados como república democrática, que están para garantizar que la convivencia social se base en leyes y normas aprobadas por todos los ciudadanos, y aplicadas por quienes administran el Estado, que son los funcionarios públicos.
No me sé de memoria ninguna ley, pero sí sé que las leyes electorales y los reglamentos del CNE, cuya presidenta es la funcionaria Tibisay Lucena, establecen que no debe haber desequilibrios en las condiciones electorales, que favorezcan a un candidato y perjudiquen a otros. Que el CNE es el garante de que esas condiciones sean iguales para todos. Y también sé, porque es evidente, que instituciones públicas como los canales de TV  y las estaciones de radio oficiales, se comportaron totalmente a favor de la candidatura del PSUV en perjuicio total del candidato de la MUD. Es más, como se ha dicho muchas veces, esos canales oficiales ya mencionados, parecen haber sido vendidos al PSUV, porque sólo hay programas partidistas, absolutamente favorables al gobierno, que, además, que insultan impunemente a cualquier persona que se oponga al gobierno y, en particular, a políticos o personas públicas de la oposición. Esto es un hecho tan obvio que me parece tonto escribirlo.
Si en Venezuela hubiera un Estado de Derecho, lo que acabo de describir no sucedería, en el caso que nos ocupa, porque una institución como el CNE lo impediría. El CNE no es una institución con “derechos” sino con deberes y obligaciones. Sus funcionarios están para garantizar los derechos electorales de todos los ciudadanos y muy particularmente los derechos de todos los candidatos de disponer de las mismas condiciones, exactamente las mismas. Si el CNE fuera imparcial y un poder independiente del Poder Ejecutivo, como lo exige un Estado de Derecho, no sería pensable que el candidato de gobierno tuviera los privilegios en los medios de comunicación oficiales que han tenido Chávez y Maduro, ni que la oposición pudiera ser objeto de los insultos permanentes de que son víctimas en los programas mediáticos oficiales. Por eso se les llama oficialistas. Porque no son oficiales sino que están al servicio del partido de gobierno.
La fusión partido-gobierno-Estado, es lo contrario del Estado de Derecho. Y Tibisay Lucena ha sido protagonista de la implantación práctica de esa fusión, no sólo tolerando y promoviendo la parcialidad favorable al PSUV en instituciones oficiales,  sino haciéndolo descaradamente, sin escrúpulos,  por acción y por omisión. No Tibisay Lucena, en Venezuela, no existe el Estado de Derecho porque altos funcionarios como usted han hecho lo contrario de lo que hay que hacer: En vez de promover y garantizar la aplicación rigurosa de leyes y reglamentos electorales, han obedecido las órdenes de un caudillo y de su partido, fomentando la parcialidad ilegal e injustamente, destruyendo así la institucionalidad de la democracia, la justicia legal y social y atentando contra la paz.

lunes, 18 de marzo de 2013

Engaños y mentiras


Publicado en Tal Cual el lunes 18 de abril de 2013

Por: Mariano Herrera
El gobierno actual ha engañado a la población venezolana con grandes declaraciones que no se corresponden con la realidad. Esto es especialmente cierto en educación.
Uno de los engaños más notorios y descarados es el haber declarado a Venezuela “Territorio libre de analfabetismo”. En 2003, el gobierno anunció que había alfabetizado a 1.202.025 venezolanos.   En 2005, el ministro de Educación Aristóbulo Istúriz afirmó que 1.482.543 personas aprendieron a leer gracias al método cubano "Yo sí puedo”.
Los datos suministrados por el INE dan cuenta de 1.576.000 mil analfabetas en 2001. 10 años después la cifra se reduce a unas 1.418.000 personas iletradas. De modo que en total se alfabetizaron unas 158.083 personas.   Pero,  la ministra de Educación, Maryann Hanson,  afirma,  en la presentación de la Memoria y Cuenta de 2.010,  que  desde 2003 se han alfabetizado  a  1.722.667 personas. Las cifras se contradicen. Alguien nos está engañando. El INE, en el censo de 2.011, señala que el analfabetismo afecta todavía a 4,9% de la población. Sí, es cierto, bajo en 10 años. Pero menos que en los 10 años anteriores. Entre 1.990 y 2001 el censo destaca que se alfabetizaron 237.230 personas. Casi 80.000 personas más que las alfabetizadas durante los últimos 14 años. Confusión y engaño es lo que ha reinado sobre este tema.
Otro engaño es el de las escuelas bolivarianas. El gobierno afirma que existen 10.000 escuelas bolivarianas. Pero resulta que ahora llaman bolivarianas a escuelas que no cumplen con las condiciones de serlo. El concepto original de escuela bolivariana es que tengan un solo turno de 8 horas con los mismos alumnos y docentes a tiempo completo en un horario de 8 am a 4pm. Esto mejoraría considerablemente las condiciones de trabajo y de estudio. Los alumnos tendrían horas para actividades académicas, recreativas, culturales y deportivas. Los docentes tendrían tiempo para planificar, evaluar, trabajar en equipo y atender a  alumnos con necesidades específicas. Además de contar con 3 comidas diarias, desayuno, almuerzo y merienda. Este concepto  nace en la innovación que se hizo en los años 90 en el estado Mérida, bajo la dirección del  profesor Antonio Luis Cárdenas, quien luego fue ministro de educación. Esta era pues una propuesta capaz de generar consensos entre familias, personal docente y expertos. No obstante desde hace varios años, el gobierno decreta  que son bolivarianas, escuelas que mantienen dos turnos con 2 grupos de alumnos, uno por la mañana y otro por la tarde. Ninguna diferencia con la situación previa al nuevo nombre. Escuelas bolivarianas a doble turno son un gran engaño que no deja de ser sino un auto-engaño: Sólo el gobierno se lo cree.
El gobierno no cumple. Sus promesas a las universidades de apoyarlas para evitar agresiones y violencia en sus recintos nunca se han materializado. Siguen los extremistas oficialistas haciendo de las suyas en total impunidad, sin que las autoridades (las del gobierno) actúen sancionando a los culpables. Puras mentiras y engaños.